
Tal como se dice de la ética, para crear y realizar Arquitectura de Vida, no existen cursos, ni manuales, ni seminarios para aprenderla.
Sólo su práctica tenaz, cotidiana y perseverante, llevan a ciertos arquitectos a entender y sentir la arquitectura, más que como una profesión, como un actitud ante la vida, una forma de pensamiento, de actuación y de compromiso con nuestros semejantes.
Para hacer Arquitectura de Vida es preciso Vivir la Arquitectura como una extensión de nuestro intelecto, de nuestro espíritu y de nuestros sentimientos. Solo así ejercida, la arquitectura emociona, sorprende, conmueve y se hace poética.